"El hombre nuevo es aquél que sabe luchar en el auge y en el repliegue, en la victoria parcial o en el revés temporal. Debe luchar, aún sabiendo que la victoria final no está próxima o que incluso no la verá. La lucha de los trabajadores exige no solo interpretar el mundo, sino transformarlo".
GERMAN CARO RÍOS

5/11/10

FRACASO DE LA MUNICIPALIZACIÓN EN CHILE

¿CUÁL ES SU OPINIÓN SOBRE LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN?

Jorge Toro Beretta, Rector del Instituto Nacional de Chile, instituto que es referente obligado de la educación pública como ejemplo de excelencia educativa y logros relevantes desde su fundación, hace cerca de doscientos años. El rector Toro tiene una larga trayectoria profesional y directiva lo cual le confiere autoridad para analizar la crisis del sistema educativo chileno: “En primer lugar, hay que decir que la crisis existe y que ha tocado fondo. Comenzó en los años 80, cuando el gobierno de Pinochet abandonó el principio del Estado docente reemplazándolo por el Estado subsidiario.
Lo hizo dentro de su política general de privatizaciones y predominio absoluto del mercado. Se ha dicho, con razón a mi juicio, que la única verdadera revolución que hubo en el siglo pasado fue el cambio en la educación, que interrumpió la tradición educacional chilena que tenía más de ciento cincuenta años. A estas alturas y desde hace ya bastantes años, es evidente que la municipalización no fue la solución. El alcalde no es la autoridad adecuada para encabezar la educación en su comuna.
La educación es un proceso de largo plazo y los alcaldes enfrentan problemas que requieren soluciones rápidas (Sólo 4 años de gestión). Por otra parte, la mayor parte de las más de trescientas municipalidades que existe en Chile sufren de falta de recursos de manera crónica. Desde el inicio, al implementarse el sistema de educación municipalizada, de manera repentina y sin discusión, comenzaron a producirse problemas muy serios. La crisis de la enseñanza municipal lleva a miles de padres a sacar a sus hijos de esos establecimientos para matricularlos en colegios particulares. La educación pública está en un proceso de retroceso. Con todo, la crisis se extiende al conjunto del sistema, regido por criterios individualistas y de lucro.

Se acentuó la discriminación social. El 92% de los estudiantes de básica y media asiste a establecimientos municipales o particulares subvencionados. El 8% restante es alumno de la educación particular privada, de la cual sale la mayoría de los integrantes de la elite de los sectores dominantes y gobernantes. Hay estudios que indican que el 65% de la élite chilena tiene padres de origen socio económico alto y sólo el 3% proviene del grupo socio económico bajo, y el 64% de sus hijos asiste a colegios particulares pagados”.

¿Qué hacer? Retornar los liceos a la responsabilidad del Estado. La protesta masiva y multitudinaria de los estudiantes desnudó la discriminación social del actual sistema educativo municipalizado. Todos los especialistas y analistas coinciden hoy, en reconocer la crisis educativa, pero no se lleva a la práctica. El Estado debe asegurar educación de excelencia especialmente a los sectores de bajos ingresos, para lo cual debe destinar muchos más recursos a la educación.
El colegio debe suplir las carencias de los más desprotegidos con buenas bibliotecas, buenos laboratorios, apoyo informático, gimnasios y canchas deportivas, atención médica, etc. Son fundamentales los buenos profesores, que deben ser incentivados para que entreguen una enseñanza de alta calidad y exigirles que lo hagan. Hay que despertar la mística por el estudio, por la responsabilidad y la importancia de los logros. Esa mística existe en el Instituto y es una de las razones de sus triunfos. No es mérito mío haberla despertado, venía de mucho antes y es una de sus grandes virtudes.

Las universidades deben ponerse a la altura de la responsabilidad que significa la formación de buenos profesores. Y esos profesores, como dije, merecen una atención prioritaria en términos de consideración social, posibilidades de desarrollo personal y profesional, y, por cierto, remuneraciones elevadas. Así ocurre en países como Finlandia, los otros países nórdicos y en los países asiáticos que se han convertido en avanzados. En esos países llegan a ser profesores los mejores estudiantes, que tienen las mejores posibilidades de formación y cuentan con todo el apoyo que necesitan. Tienen, a cambio, la obligación de responder a las expectativas depositadas en ellos.

El investigador, Rodrigo Cornejo, del Observatorio de Políticas Educativas, ha comparado al sistema educacional chileno con el apartheid imperante en Sudáfrica durante los regímenes racistas. Distingue cinco sistemas cerrados y excluyentes de administración, que corresponden a realidades diferentes: el particular pagado; el particular subvencionado con financiamiento compartido (los padres pagan una cuota mensual); el particular subvencionado sin financiamiento compartido; el municipal de comunas ricas y, el municipal de comunas pobres. Precisa Cornejo que los niños pobres reciben una subvención estatal de 30 mil pesos.

Rodrigo Cornejo manifiesta que sin ser estatista, cree que en Chile la educación, como la salud, deben ser una función permanente del Estado que debe asegurar educación pública de calidad, buscando los mecanismos centralizados o descentralizados más eficientes para ponerla en práctica. Ese es el núcleo del problema. La educación se convirtió en objeto de lucro sometido a las leyes del mercado. Un ejemplo aclara: los colegios privados empezaron a llevarse a los mejores profesores y a los mejores alumnos y obtuvieron, como era de esperar, buenos resultados y consiguieron más alumnos, que pudieron seleccionar, y sus resultados siguieron siendo buenos o mejores. Y así sucesivamente. Por eso, yo digo que el Instituto Nacional no se puede comparar con el Liceo Amunátegui, del cual fui rector antes de llegar aquí. En el Nacional seleccionamos a los alumnos, el Amunátegui no lo hace. Y es bueno que eso suceda, porque los colegios deben estar abiertos a todos, salvo excepciones justificadas como es nuestro caso, por razones históricas y porque el Estado debe tener algunos colegios de excelencia.

El éxodo de alumnos de la educación municipalizada aumenta. Como se paga por alumno, disminuyen los ingresos de los municipios, que no pueden despedir a los profesores ni pagarles porque han disminuido los ingresos. Los gastos operativos se mantienen igual y disminuyen los ingresos. Si no se les paga, los profesores paran: con razón. Los paros provocan nuevos éxodos de alumnos porque los padres no pueden aceptar la situación. Eso va al despeñadero. Algunos dicen que parece que alguien hubiera inventado este escenario para acabar de una vez con la educación pública, que se extinguiría por falta de alumnos”

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